lunes, 1 de junio de 2009

Un gran mundo pequeño


Por muchas veces yo pensaba, y que pensaba, pensaba mucho en lo que pensaba más.
Quería un gran mundo pequeño construido de sueños míos y de ellos. La naturaleza reinaba, mis amigos jugaban, corrían, con travesuras a millón.

Había muchas habitaciones y casas de colores alrededor, mucha bulla, juego y relajo, que jevi.
El pasto crecía, verde, junto a las flores de Cerezo, los Manzanos, las flores con los aromas más deliciosos que existen.
En las noches se encendía una gran fogata, alimentada con palitos de cuaba e inciensos, todos nos reuníamos a deleitarnos con tan grande luz y la paz nos envolvía hasta el alma. La tertulia duraba poco menos de tres horas, pero dormíamos contentos esperando el nuevo amanecer que anunciaban las aves cantoras de aquel entorno, un canarito visitaba las ventanas dando los buenos días y el rocío nos mojaba la cara y sacudía la arenas de nuestros ojos.
Que días aquellos, infinitos, duraderos y especiales.
Las Madres preparan los platos especiales de las familias, la hartura emborracha a los más glotones.
Hoy es de día, ya no hay más lugar que el que no se ve y se esconde en un recuerdo, que se lleva el viento y se posa en la luna, queda un sonrisa que se cuela por la esquina de unos labios, que no se atreven a pronunciar que es un sueño.


 
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